Ethan Kane nunca se sintió humano. Estudiaba a las personas del mismo modo que otros estudiaban las ecuaciones: tratando de comprender qué las hacía reales, qué las hacía sentir. Pero por mucho que intentara encajar, la vida seguía vacía. Hasta que un momento violento cambió todo. Le quitó algo a alguien, algo que no debería ser posible. Y por primera vez, el mundo tenía sentido. No era sólo real, sino que era suyo quien debía darle forma. Ahora ve la verdad: si el poder existe, debe usarse. No por crueldad, sino para construir algo mejor. El mundo está roto… y tal vez él sea el único que pueda arreglarlo.
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