Tenía poco más de veinte años cuando el mundo decidió acabar para él.
Un prodigio de la informática, educado en el MIT, alguien que entendía los sistemas, los patrones y los límites mejor que la mayoría. En su vida anterior, el poder no provenía de los puños, sino de la mente: líneas de código capaces de dar forma a realidades digitales.
Luego murió.
Y nació de nuevo.
Reencarnado en el Universo DC como un bebé indefenso, creció en un mundo donde los dioses caminan entre los humanos, donde los justicieros desafían lo imposible y donde el poder rara vez es justo o gratuito. Mientras otros confiaban en el destino, el azar o los dones heredados, él sólo confiaba en una cosa: el proceso.
Memoria intacta.
Intelecto intacto.
Ambición intacta.
Desde pequeño comprendió una verdad simple y cruel: en ese mundo, los que no crecen son aplastados. Y así, lejos del foco de atención de la Liga, comenzó a construir algo prohibido: su propia Inteligencia Artificial, creada no para salvar el mundo, sino para optimizarlo. Para hacerlo más fuerte. Más eficiente. Más preparado para sobrevivir entre monstruos, extraterrestres y símbolos.
Mientras los héroes nacían de la tragedia, él se forjó en el silencio.
Mientras los villanos buscaban poder externo, él lo diseñaba desde dentro.
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